Usualmente, estoy más alerta a mis alrededores. No soy un tipo "de la calle", y no me caracteriza la malicia. Sin embargo, he aprendido que hay que estar pendiente al ambiente que nos rodea para evitar problemas. Con todo y eso no fue hasta que llegué a mi casa que me dí cuenta de algo.
En el camino de regreso del trabajo me puse a pensar que necesitaba unos espejuelos. Pero la situación económica actual me prohibía visitar un oftalmólogo hasta el mes próximo y cuidao si eso. Así que pensé que la mejor solución temporera era comprar en la farmacia mas cercana un par de espejuelos de "embuste". De esos que sirven para leer de cerca. Y que te dañan la vista si tratas de ver con ellos a lo lejos, o cuando estas leyendo un libro o cualquier otra cosa de cerca.
Pensé en ir a la franquicia de una farmacia "popular" que me queda de camino. Pero el pensamiento de meterme entre un montón de gente y hacer filas interminables me lleno de aprehensión. Usualmente cuando salgo del trabajo tomo el camino más directo a mi casa, haciendo las menos paradas posibles. Perdiendo el menor tiempo posible para acortar la distancia entre mis nalgas y mi toile.
Resolví, en vez de ir a la "popular", ir una farmacia que queda mas alante. Pertenece a una franquicia de farmacias no tan popular como la otra. Curiosamente en el lugar donde esta alojada la farmacia "no-tan-popular" ahora, estaba hace años una franquicia de la que si es "popular".
Cuando estoy llegando veo que no hay ni un solo parking ocupado frente al lugar. Miro el sign de la farmacia para asegurarme que están operando, porque el tapón me había cogido la noche en la calle. Pero el mismo estaba prendido. Y de hecho era tarde pero no más de las ocho y treinta.
Me parqueo en el estacionamiento más cercano a la puerta, al lado de uno de impedidos que también está vacio. Años atrás cuando en ese mismo lugar estaba la "popular" hubiese sido imposible conseguir este preciso estacionamiento. Y muy difícil no tener que caminar al menos 35 a 70 pies para llegar a la entrada.
Me agacho en el asiento. Miro hacia la farmacia, para ver si veo seña de que esté abierta. Tanta soledad me hace dudar de que no este cerrada. Pero me percato que hay no menos de tres guardias de palito cuidando la puerta. "Wow! Al menos la seguridad es buena", me digo a mi mismo. Si, lo sé. Que pendejo soy.
Me bajo del carro y me dirijo a la farmacia. Uno de los guardias se monta en una bicicleta y se aleja. Es el encargado de atrapar los "shop-lifters". Excepto que no creo que hayan clientes en la farmacia, mucho menos "shop-lifters". Me percato que hay otro guardia más, dentro de la farmacia. Este es el que abre la puerta para que yo pase. Mmm. hace años ya había aquí instalada un puerta de esas automágicas que se abren solas para los clientes.
Entro y veo que todo está ordenado y en su sitio. No hay nada mal puesto. El piso está limpio, pero hay un empleado que lo está puliendo por lo que parece ser la tercera vez. Me paro frente a cada uno de los pasillos. Tratando de divisar si veo los espejuelos. Luego voy uno a uno de nuevo. Esta vez leyendo el letrero cerca del techo que indica los items que se encuentran en cada pasillo. No hay pistas. Tampoco gente. Excepto el pulidor de pisos que me ha dado senda mirada. Hace par de años, el ir y venir de clientes hubiese hecho imposible mantener los pasillos tan limpios; las góndolas tan ordenadas.
Le contesto con el pensamiento, "Bueno mijo! Yo se que te estoy ensuciando el piso. Pero es mejor tener un cliente a que tengan que cerrar la franquicia por insolvencia!"
Seguí buscando entre los pasillos. Vi a una empleada dando vueltas buscando donde colocar un solitario objeto extraviado. No logré ver a nadie en el recetario. Encontré los espejuelos.
Me puse a analizar los distintos grados de aumento. No quería mucho aumento, no fuera a ser que me dañara más la vista en lo que veía a un médico. Después los estilos, nada color oro, nada muy pequeño, ni muy grande. En eso estuve la mayor parte de media hora. Escuché a la empleada del extraviado soltar una carcajada. Estaba riéndole un chiste a la cajera. No pude escuchar a nadie mas.
Me dirigí a la caja. La cajera me atendió rápidamente, no había nadie más antes que yo. Pagué. Me dirigí a la puerta. Di dos pasos hasta el carro. Me monté. Lo prendí. Puse los seguros.
Me agasajé yo mismo. La decisión de venir aquí había sido buena. No hice fila. No tuve que esperar. Me atendieron rápido. Siempre debería venir aquí.
Alzé la vista y vi que en el estacionamiento frente al mio pero dos mas a la izquierda alguien se montaba en lo que algún día del lejano pasado se pudio haber llamado carro. Que curioso, hubiese jurado que nadie había entrado ni salido de la farmacia mientras yo estuve allí. Tampoco había nadie detrás de mi haciendo fila para pagar. Y no había estado tanto tiempo en el carro sentado.
El hombre se dio cuenta que yo lo estaba mirando y volteó su cara. Yo prendí el carro y me aleje.
Cuando llegué a casa y apagué el carro. Cuando el cerebro dejo de pensar en la manera más rápida de llegar a casa. Cuando se relajo después de la jornada de día, entonces fue que ató los cabos.
Los espejuelos costaron 15 y pico. Los billetes y el menudo que me devolvieron estaban limpios. Como acabaditos de lavar.